 En la calle Málaga un
pequeño templo guarda una cruz, es la
Cruz del
Humilladero. Allí, la Villa de Marbella se postró
ante los Reyes Católicos. Allí los moros que tomaron estas
tierras como su hogar se rindieron y entregaron las llaves de un
pueblo que abandonaría entonces el recinto amurallado del
castillo, extendiéndose más allá del Puente de Málaga, del
Puente Ronda y de la Puerta del Mar.
Una expansión que, con el paso de los siglos, ha convertido a
Marbella en una población que supera los 80.000 habitantes y
donde, además de numerosas urbanizaciones que se dispersan por
el término municipal, existen varios núcleos urbanos
destacados, el más importante es San Pedro Alcántara, al que
le siguen Las Chapas y El Ángel.
A lo largo de los 25 kilómetros de costa que baña su término
municipal, se suceden, desde el Sitio de Calahonda hasta
Guadalmina, numerosas urbanizaciones que parecen pequeños
pueblos que se suman al casco urbano de Marbella. Una ciudad que
experimentó un cambio vertiginoso, en la que se abandonaron
casi definitivamente las labores agrícolas que ocupaban a la
mayoría de la población, a pesar del tópico que planea sobre
la localidad, a la que se ha querido imponer el origen de
"pequeño pueblecito de pescadores". La mayor parte de
los edificios, hoteles y urbanizaciones que se edificaron
vinieron a sepultar las mejores fincas de labor que trabajaban
los marbellíes, la Huerta Grande, la Huerta Chica, la Huerta
Belón o el Molino Viento.
El medio de vida cambió radicalmente, al igual que el aspecto
de este pueblo, que, sin embargo, conserva un casco antiguo
repleto de historias, del día a día de los que han construido
y construyen Marbella.
Un paseo por el centro del pueblo, que podemos iniciar en la
calle que durante muchos años fue la más larga de Marbella, la
calle Lobatas, donde las casa
siguen teniendo miedo a las alturas y se detienen en las dos
plantas. Desde allí, pasear por la plaza del Santo Cristo
y bajar por la calle Ancha para alcanzar el Puente
Ronda, que será nuestro acceso a la popular Plaza de los
Naranjos. El nombre de esta plaza ha dado la vuelta al
mundo. Es un lugar sin duda agradable, donde a diario podemos
encontrar a cientos de visitantes que se sientan bajo los
naranjos en los numerosos establecimientos que existen. Un lugar
que encierra además buena parte de la historia de Marbella. Allí
se encuentra la antigua Casa del Corregidor, construida
en el siglo XVI, fecha de la que data también el antiguo
Ayuntamiento y en cuyo interior destacaban unas pinturas al
fresco con escenas de la Crucifixión. A su lado se levanta el
nuevo edificio que alberga a La Casa Grande de Marbella y
la Ermita de Santiago, una construcción del siglo XVI
que alberga las imágenes del Cristo del Amor y María Santísima
de la Caridad, unas tallas que forman parte de la Semana Santa
de Marbella.
Pero en este paseo por el centro es imprescindible acercarse al
parque más antiguo de la localidad, La Alameda; un
parque que encierra cientos de historias de amor, un paseo en el
que giraba la diversión y el ocio hasta bien entrados los años
60, década en la que comenzaron a abrirse locales de ocio. El
parque de la Alameda, con sus árboles centenarios y la fuente
que durante muchos años ocupó en solitario el protagonismo, se
ha convertido ahora en un lugar de cita para los
más mayores. Aquellos que todavía recuerdan el trasiego del
pueblo. Aquellos que citan en más de una ocasión a personajes
tan populares como don Manuel Cantos, hijo de Marbella y
practicante de profesión, que se convirtió en el médico y
asesor oficial de todos los marbelleros en materia de salud. Su
fama traspasó fronteras marbellíes y le mereció el
respeto de numerosos profesionales de la Medicina malagueña.
Los mayores recuerdan emocionados cómo curó a algún familiar
y cómo en muchas ocasiones don Manuel, "Manolito
Cantos", no cobró ni una sola peseta porque no había de dónde
sacarla. Don Manuel Cantos, fallecido hace unos años, se ha
ganado un lugar en la historia de Marbella por derecho propio,
una mención que debe anteponerse a la de cualquier otro
personaje que también haya contribuido a construir la Marbella
de hoy.
Pero, en la Alameda y en esa charla con los decanos de la
ciudad, surgen otras muchas cuestiones y otros personajes que
recordar. Una animada charla en la que se descubrirá que pocos
contertulios nacieron en Marbella. La localidad se convirtió en
un "gran albergue" que dio alojamiento a los vecinos
de localidades cercanas y, con la fiebre del turismo en marcha,
a personas que acudían desde toda la geografía española. Un
ir y venir que coincidió con el empuje de la construcción y
con la edificación de los primeros hoteles, El Hotel Rodeo,
y el Hotel Guadalmina, que abrieron la lista de la oferta
hotelera actual, todo ello gracias a las fuertes inversiones que
se realizaron entre 1959 y 1963 en Marbella.
El parque de la
Alameda, con sus árboles
centenarios y la fuente que durante muchos años ocupó en
solitario el protagonismo, se ha convertido ahora en un lugar de
cita para los más mayores. Aquellos que todavía recuerdan el
trasiego del pueblo. Aquellos que citan en más de una ocasión
a personajes tan populares como don Manuel Cantos, hijo de
Marbella y practicante de profesión, que se convirtió en el médico
y asesor oficial de todos los marbelleros en materia de salud.
Su fama traspasó fronteras marbellíes y le mereció el respeto
de numerosos profesionales de la Medicina malagueña. Los
mayores recuerdan emocionados cómo curó a algún familiar y cómo
en muchas ocasiones don Manuel, "Manolito Cantos", no
cobró ni una sola peseta porque no había de dónde sacarla.
Don Manuel Cantos, fallecido hace unos años, se ha ganado un
lugar en la historia de Marbella por derecho propio, una mención
que debe anteponerse a la de cualquier otro personaje que también
haya contribuido a construir la Marbella de hoy.
Pero, en la Alameda y en esa charla con los decanos de la
ciudad, surgen otras muchas cuestiones y otros personajes que
recordar. Una animada charla en la que se descubrirá que pocos
contertulios nacieron en Marbella. La localidad se convirtió en
un "gran albergue" que dio alojamiento a los vecinos
de localidades cercanas y, con la fiebre del turismo en marcha,
a personas que acudían desde toda la geografía española. Un
ir y venir que coincidió con el empuje de la construcción y
con la edificación de los primeros hoteles, El Hotel Rodeo,
y el Hotel Guadalmina, que abrieron la lista de la oferta
hotelera actual, todo ello gracias a las fuertes inversiones que
se realizaron entre 1959 y 1963 en Marbella.
La ciudad se transformó para albergar a los visitantes, las
viviendas se remodelaron y, sobre todo, cambió el valor del
suelo. En la mayoría de los casos, los propietarios vendían a
otros promotores que realizaban perfectos negocios. Como anécdota,
valga recordar la cifra por la que se adquirió el solar de uno
de los hoteles de gran lujo de la ciudad: 50. 000 pesetas. Unas
cifras que comenzaron a elevarse. Así, los primeros terrenos
que se vendieron en la zona de Nagüeles costaron 13 millones de
pesetas. Más tarde, toda esa zona adquirió el calificativo de Milla de Oro, ya que en las operaciones
inmobiliarias parecía que se negociaba con el hallazgo de un
filón de ese metal precioso y donde los metros cuadrados de
superficie superaban el valor del oro. Y mientras todas estas
operaciones inmobiliarias se llevaban a cabo y llegaban a
Marbella los primeros constructores de la "meca del
turismo", Alfonso de Holenlohe y José Banús
entre otros, la vida de los marbelleros seguía girando en torno al casco antiguo de la ciudad donde se eleva la
parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación, del
siglo XVIII. Sus tres naves conducen al retablo del altar mayor,
y desde allí se aprecia el órgano, uno de los más importantes
de Andalucía. Una iglesia que sufrió en 1936 los estragos de
la Guerra Civil y donde sería interesante llevar a cabo un
inventario de los objetos artísticos que se custodian. Una
parroquia que guarda en su interior alguna de las imágenes que
se procesionan en la Semana Santa de Marbella y que cuentan con
mayor tradición.
A la salida de la Encarnación, por la puerta lateral corre la calle
del Viento, conocida en Marbella como callejuela
del Viento, estrecha, flanqueada por las paredes
blancas que nos conducen hasta el antiguo Hospital Bazán,
fundado por el alcalde regidor de Marbella en 1568, Alonso Bazán.
Una casa levantada para atender a los más necesitados de la
villa y que contaba con un artesonado mudéjar impresionante. El
paso del tiempo no entendió de arte ni de tradición y tambaleó
a este edificio ahora recuperado y convertido en el Museo del
Grabado Español Contemporáneo, salvándose así de la
destrucción a la que parecía destinado.
Un museo que cuenta con un fondo pictórico y por el que ya han
pasado obras de artistas de renombre, como las de Miró o
Picasso. Pero no abandonamos esta calle, donde al parecer existió
un convento de monjes mercedarios. En el interior de esos muros,
según cuenta la leyenda, descansó Miguel de Cervantes a su
vuelta del cautiverio, ya que uno de estos monjes se canjeó por
él. E príncipe de las letras no dejó huella de su paso por
Marbella, ya que no existen restos de este convento.
Ya en el siglo XX se habla del "torno" de la calle
Viento, lugar donde se acogía a los niños que se
abandonaban a las puertas del edificio. Al dejar esta calle
llena de misterio, podemos buscar las murallas de la Barbacana
del castillo, una fortaleza elevada y defendida por los árabes
hasta su rendición. La parte que se conserva es la que miraba
al río, conocida como la "barbacana", el arroyo de la
Represa, que sirvió de foso para el castillo.
La leyenda cuenta que existen pasadizos que comunican la
fortaleza con el mar. Unos túneles que conducen hasta la playa
donde se levanta el Fuerte de San Luís, del que solo se
conserva una pequeña torre, un polvorín que sirvió de defensa
en la invasión de los franceses. Los restos del fuerte de San
Luís sirven ahora como sala de exposición de los objetos
relacionados con los inicios de la actividad turística en la
ciudad, ya que en este lugar se ha levantado un complejo
hotelero.
Pero en esta visita por Marbella resulta obligado pasear por las
calles de El Barrio, en su mayoría peatonales,
lejos de la ostentación, adornadas
con flores en las puertas de las casas, en los balcones; las
calles Sol, Luna y Lucero, donde todavía se puede
encontrar a las vecinas que barren sus puertas; las calles San
Cristóbal y San Ramón ofrecen una imagen más serena de
Marbella, la más entrañable. Unos rincones que, junto a los
monumentos, forman parte de la historia de Marbella en la que ha
profundizado a lo largo de su vida don Fernando Alcalá, en la
que ejerció como abogado y de la que ha desentrañado el
pasado, convirtiéndose en cronista oficial de la localidad.
Una historia que nos traslada a las afueras
de Marbella, hasta los restos romanos de Guadalmina y, hacia la
basílica paleocristiana de Vega del Mar, en San Pedro
Alcántara.
La Basílica prueba los asentamientos que se produjeron en esta
zona de la costa. Un lugar que, según las investigaciones de
Carlos Posac y Rafael Puertas, podría corresponder a la antigua
Cilciniana y donde se han encontrado a lo largo de las distintas
excavaciones, sepulturas y objetos de cerámica y metal. La
presencia de otras culturas se ha convertido en el día a día
de este municipio malagueño, en el que llegan a convivir hasta
200.000 personas en temporada alta. Unos visitantes que han
permitido que Marbella se convierta en una ciudad que ha crecido
sobre las bases del turismo.
La actividad no cesa aquí, porque las noches se viven desde las
dos caras de la moneda. Los que acuden a descansar y en busca de
la diversión y aquellos que lo hacen posible. La práctica totalidad de los 80.000
habitantes viven de las actividades relacionadas con el turismo,
que se centran en la hostelería y el comercio. En Marbella
conviven los hoteles de gran lujo con las pensiones y los
hostales. La ciudad está preparada para recibir a todo tipo de
visitantes, aunque en la década de los 80 adquirió una notable
fama al hablarse de los principales inversores, los árabes. No
en vano, el entonces príncipe Fahd construyó un palacio en la
localidad, época en la que se edificó la Mezquita de Marbella
y cuando aparecieron los bancos árabes. Días de esplendor en
los que atender en cualquier establecimiento a un cliente árabe
suponía recibir algunos "petrodólares". Unas
cuestiones que contribuyeron a difundir la fama de meca de
multimillonarios, hombres y mujeres de negocios y artistas de
renombre a la ciudad de Marbella. Una fama que la fue
distanciando del resto de la Costa del Sol, adoptando una forma
de ser que solicitaban los visitantes que acudían a la ciudad.

A esta dinámica contribuyó desde los primeros años Alfonso de
Holenlohe, quien comenzó a atraer a personajes del arte mundial
hasta su hotel, el Marbella Club. El príncipe llegó a
Marbella hace ahora más de 40 años y revolucionó la vida de
este pueblo hasta el que trajo a los Onassis, María Callas, los
duques de Windsor y al "animal más bello del mundo",
la actriz Ava Gardner. Visitas que marcaron a los visitantes que
acudían para quizás alardear de disfrutar del mismo destino de
vacaciones que esos famosos. Lo cierto es que se comenzó a
hablar de la jet-set marbellí, aunque no todos los que
veraneaban en Marbella contaban con un jet privado para moverse
por el mundo. A esa lista inicial de famosos se unieron los de
los príncipes de Mónaco, que acudieron a la inauguración de
otro de los emblemas de Marbella, el Puerto Banús, un
puerto deportivo con 915 puntos de atraque, que ha albergado a
yates tan famosos como el del magnate Kassoghi con las letras de
"Nabila" en oro, o el yate del Conde de Barcelona,
"Giralda". Un puerto deportivo obra de José Banús,
otro de los creadores de la Marbella que ahora se conoce. Un
puerto cuya torre de operaciones destaca entre el caserío
blanco que rodea a los yates.
Puerto Banús ha sido lugar de destino de los
visitantes que protagonizaron las fiestas más sonadas que se
organizaron en Marbella y lugar de operaciones para los fotógrafos
y cronistas de las revistas del corazón, que también hacen su
particular agosto. Una actividad que permaneció más calmada
durante unos años en los que los famosos se escondían en otros
lugares y los más conocidos se las ingeniaban para no aparecer.
Las fotos han protagonizado un "acoso y derribo"
autorizado por sus protagonistas: las de Isabel Preysler, asidua
de Marbella durante sus tres matrimonios; toreros, cantantes,
princesas y un largo etcetera de famosos.
Aunque no todos los residentes se dejan ver tan fácilmente, en
las urbanizaciones del municipio viven desde hace muchos años
personajes que prefieren pasear y disfrutar de su estancia, a
veces permanente, lejos de los flashes.
Junto al mundo de la noche, junto a los rostros famosos que han
elegido la localidad, sigue conviviendo el lado más popular de
Marbella, que se acentúa cada lunes cuando se celebra el
popular mercadillo conocido como "el barato". Un
mercado ambulante que se convierte en unos grandes almacenes
callejeros, donde se pueden encontrar desde objetos de cerámica,
flores, ropa, calzado, hasta los últimos trabajos de los músicos
de moda. Calles y calles con puestos, donde todavía se vocean
las mercancías, un mercadillo que se convierte en lugar de
visita obligado para los marbelleros y los visitantes. Unas
calles donde es corriente encontrar a los extranjeros paseando,
interesados no sólo en los productos, sino en el espectáculo
que supone la puesta en escena del mercadillo.
El lado más popular se eleva al máximo durante las fiestas
patronales, en junio, en honor a San Bernabé. El patrón de la
ciudad ha visto cómo desde siempre se le homenajea y se instala
una feria a la que en los últimos años se le ha dado otro
aliciente: "la feria de día". Una feria que culmina
el 11 de junio, aunque en décadas pasadas la fecha de inicio
coincidía con la tradicional noche de fuegos artificiales.
La festividad del patrón, el día 11, servía como pretexto
para visitar la Cruz del Humilladero y recordar el inicio
cristiano de Marbella; un día en el que paseaban por las calles
del centro los Gigantes y Cabezudos.
La feria abre el calendario festivo del verano en el que destaca
el día grande para los "marengos", la festividad de Nuestra
señora del Carmen. El 15 de julio, la Virgen navega por las
aguas de la bahía acompañada por numerosas embarcaciones
pesqueras y de recreo. Los pescadores celebran durante estos días
sus fiestas en los barrios marineros por excelencia, La
Bajailla junto al puerto pesquero, El Barrio y El Ingenio entre otros.
Verbenas y las famosas
moragas, unas veladas en la playa en las que se preparan los
"espetos de sardinas", todo ello para celebrar el día
del Carmen, la Virgen que goza de gran cariño y fervor en este
pueblo bañado por el mar.
Era precisamente el día del Carmen, después de que la Virgen
hubiera navegado por las aguas, bendiciéndolas, la fecha que
abría los días de playa para los marbelleros, nunca antes de
la bendición del Carmen. Una tradición perdida, ya que el
turismo ha convertido a las playas en un paisaje concurrido
durante los doce meses del año.
Unas fiestas que cierra la Feria de San Pedro Alcántara, que se
celebra a mediados de octubre. Este núcleo urbano se ha
convertido en un pueblo que deja atrás su origen como colonia
agrícola, cuya fundación supuso, a mediados del siglo XIX, la
primera expansión considerable de Marbella. Fue el general
Manuel Gutiérrez de la Concha, primer Marqués del Duero, quién
llevó a cabo la explotación agrícola de los terrenos situados
entre el río Guadaiza y el Guadalmansa. Unos terrenos a los que
llamaría San Pedro Alcántara y que pronto se convertirían en
una colonia de importancia, poblada por los trabajadores de las
plantaciones de caña de azúcar, de remolacha y del ingenio
azucarero. Un edificio que aún se conserva en San Pedro y que
se ha destinado a albergar acontecimientos culturales.
Con el paso del tiempo San Pedro Alcántara
se ha ido convirtiendo en uno de los núcleos más importantes
de Marbella, con una población que supera los 20.000
habitantes, una situación que favoreció la petición de
independencia; aspiración que no prosperó y que, de momento,
parece no ser el objetivo de los sampedreños. Un núcleo en el
que residen también muchos extranjeros, que lo han elegido como
lugar de residencia.
Además de San Pedro Alcántara, existen otros dos núcleos de
población que destacan dentro del término municipal y que son Las
Chapas y El Ángel. De nuevo su origen se remonta a
antiguas explotaciones agrícolas que vivieron una expansión
considerable a partir de los años 60, la fecha clave para la
configuración de la estampa actual, una ciudad que se
distribuye a lo largo del término municipal, ocupando toda la
bahía y escalando tímidamente las colinas de Sierra Blanca.
Marbella se ha ganado su posición dentro de
la Costa de Sol; una posición que según los oriundos de la
localidad se debe sobre todo al "señorío" que
siempre la ha caracterizado. Una palabra que nos atrevemos a
utilizar para describir al menos una mínima parte de lo que
representa esta ciudad, cuyo nombre sigue despertando pasiones y
que ha dado la vuelta al mundo como abanderada de la provincia
de Málaga.
Fuente: Diario
Sur
|